lunes, 28 de septiembre de 2009

Percepciones de un astrónomo

1. ¿Por qué importa la percepción pública del astrónomo?

“La gran necesidad presente de la astronomía, la mayor ciencia, no es disponer de telescopios mayores y grandes observatorios, sino una opinión pública más favorable”. Esta expresión, de una carta escrita en 1916 a la revista Astronomía Popular, es tan relevante hoy como lo fue cerca de una centuria atrás. Nuestros ancestros observaron los cielos por razones religiosas o seculares, con la astronomía y la astrología indistinguibles por largo tiempo. La observación de las estrellas, planetas y constelaciones, fueron usadas para crear calendarios que proporcionaran a las asociaciones de agricultores, valiosa información para las plantaciones estacionales y las cosechas de los cultivos, así como para predecir eventos futuros o discernir mensajes divinos provenientes del cosmos. Dada la importancia de tales actividades para la identidad cultural, y también para la supervivencia física de los ancianos, no es sorprendente que los observadores del cielo tuvieran un rol preponderante en sus sociedades.

Una abundante evidencia arqueológica en todo el mundo, atestigua la importancia de los astrónomos antiguos. En los tiempos modernos sin embargo, la percepción pública de los astrónomos comenzó a cambiar evolucionando hacia la de una aplicación científica pura. Con roles menos prominentes en sus sociedades, los astrónomos fueron forzados a buscar nuevas formas de soporte financiero para sus actividades, de los gobiernos o de benefactores, y a justificar su valor ante sus conciudadanos. Aunque vivimos hoy en un tiempo de notables descubrimientos astronómicos, como muchos políticos y hombres de negocios bien saben, la memoria pública colectiva puede ser corta, y los astrónomos no contar con su complacencia en lo que a su imagen pública respecta.

La opinión pública sobre los astrónomos importa por muchas razones, siendo las más importantes:

a) La astronomía está financiada por aquellos que pagan impuestos, o por donantes privados, y sostenida por los políticos. Sin este soporte, muchos de los grandes observatorios y programas universitarios de astronomía alrededor del mundo no existirían. Pero este soporte es tenue, el gasto “per capita” en astronomía, aún en los países más desarrollados, es equivalente usualmente al costo de una o dos tazas de café por residente, y durante períodos de retracción económica puede ser un blanco tentador para recortar gastos. Más aún, una importante fracción de ciudadanos considera la astronomía un lujo en sociedades en desarrollo, más que algo vital para el espíritu humano. Por ejemplo, durante la campaña presidencial del 2008 en Estados Unidos de América, el candidato John McCain criticó al Planetario Adler de Chicago (el más antiguo del hemisferio oeste) por reclamar al gobierno fondos para reemplazar su viejo proyector de 40 años por uno nuevo, algo que McCain tildó de “tontería”. Para asegurar un soporte continuo, los astrónomos deben lograr continuamente una impresión pública favorable.

b) La percepción de los astrónomos por la sociedad está fuertemente influenciada por el arte, la literatura, el cine y la televisión. Retratos o estereotipos negativos de los astrónomos pueden desalentar a los jóvenes de seguir carreras en este campo. Esto es algo especialmente importante en la cuestión del incremento de la población femenina y otros grupos escasamente representados en la astronomía. Cambiar esto requiere, junto con otros esfuerzos, transformar la comprensión que el público tiene de lo que los astrónomos son y lo que ellos hacen.

c) La habilidad de los astrónomos para educar e inspirar al público con nuevos descubrimientos se ve afectada por el modo en que son vistos como criaturas sociales. Como todo maestro exitoso sabe, es más fácil hacer llegar el mensaje si la audiencia gusta de uno, lo respeta y se relaciona con uno. Cultivar una imagen positiva del astrónomo es un elemento clave para los esfuerzos de interrelación. Se debe ser cuidadoso para no confundir el interés público por la astronomía, con la visión pública del astrónomo. Después de todo, mucha gente gusta de los automóviles, pero no necesariamente tiene opiniones favorables sobre quienes los venden.

Las secciones siguientes ofrecen una visión de la percepción pública del astrónomo en diferentes lugares y épocas. Los ejemplos dados no son en manera alguna una lista completa de las variadas formas, a menudo complejas, en las que los astrónomos han sido vistos por sus sociedades, y los lectores deben tener en mente que reflejan una infortunada pero natural predisposición del autor hacia las fuentes de lengua inglesa. De todos modos, proveen útiles visiones de las formas en que los astrónomos han sido reverenciados, envilecidos y ridiculizados alrededor del mundo.

2. El astrónomo reverenciado

Los astrónomos han sido a menudo agraciados con opiniones públicas favorables, teniendo un estimado rol en la sociedad. Algunos ejemplos:

a) “Los antiguos hawaianos fueron astrónomos”, escribió el último monarca hawaiano reinante, la reina Lili’uokalani en 1897. Por muchas centurias, los kilo koku u observadores del cielo, estuvieron entre los miembros más respetados de las clases altas hawaianas. Los cultivos, la pesca, la guerra, y los festivales religiosos se realizaban acorde a la posición estacional de las estrellas o las fases lunares. Además el kilo koku tenía el conocimiento especializado de las posiciones y movimientos aparentes de las estrellas, que permitió a estas tribus navegar en el Océano Pacífico y alcanzar las islas hawaianas mil años atrás. Como un experto arqueoastrónomo expresó: “… ser navegante de las islas de Oceanía del Pacífico medio debe haber sido una profesión tan respetada como ser en nuestros día neurocirujano, experto abogado o quizás un alto ejecutivo en una corporación”.

b) Un edicto imperial del año 840 durante la dinastía Tang en China, no deja duda alguna sobre la elite que eran los astrónomos, al ordenar que “los astrónomos oficiales no estuvieran junto a sirvientes civiles y gente común”.

c) En el año 2005, el New York Times indagó cuáles eran las ocupaciones más prestigiosas en los Estados Unidos. No fue sorpresa que los médicos y abogados ocuparan los primeros lugares de la lista de 477 ocupaciones. Sin embargo, el quinto lugar fue ocupado por astrónomos y físicos, por encima de biólogos (13), sicólogos (19), matemáticos (48) y otros científicos.

d) En el año 2000, la revista Time eligió a Albert Einstein como la persona del siglo. También eligió al famoso astrofísico porque “era la personificación del intelecto puro, el profesor con acento alemán, “cliché” cómico de miles de películas, reconocible al instante, como el vagabundo de Charlie Chaplin, Einstein era familiar tanto para la gente ordinaria, como para quienes trataban con él en salones desde Berlín hasta Hollywood. Sin embargo, era indescifrablemente profundo, el genio entre genios que descubrió, simplemente, que el Universo no era como parecía ser.

Otros astrónomos han aparecido también en la tapa de Time, incluyendo a Harlow Shapley (1935), Edwin Hubble (1949), Maarten Schmidt (1966) y Carl Sagan (1980).

d) Algunos astrónomos han tenido gran éxito popularizando la astronomía, atrayendo grandes audiencias, con el público aclamándolos gracias a su habilidad para comunicarse de manera informativa y entretenida. Uno de los más prolíficos en el siglo XIX fue Richard Proctor, que escribió más de 60 libros durante su vida, y brindó miles de conferencias alrededor del mundo. Cuando Proctor murió, en 1888, un obituario lo describió como: “aquel cuyo nombre como expositor de ciencia se había transformado en una palabra emblemática en cualquier sitio donde se hablara inglés”.

Otro dijo que “probablemente haya hecho más que cualquier otro hombre durante la centuria para promover los hechos científicos entre la gente ordinaria”.

Otros grandes astrónomos que popularizaron la ciencia en los últimos 200 años fueron Camille Flammarion, Agnes Mary Clerke, Arthur Eddington, Percival Lovell, Harlow Shapley, Patrick Moore, Carl Sagan, Hubert Reeves, Stephen Hawking, Martin Rees, Neil de Grasse Tyson. El libro de Flammarion: “La Astronomía Popular”, publicado por vez primera en 1879, vendió 100.000 copias, un número excepcional para la época. El libro de Hawking (1988): “Una breve historia del tiempo”, vendió más de 10 millones de copias hasta la fecha, alcanzando una audiencia tan vasta, como jamás Flammarion pudo haber imaginado. Como Eistein, Hawking ha devenido un icono de la cultura popular, apareciendo por ejemplo, en episodios de “Los Simpsom”, “Star Trek, la nueva generación”, y otros shows televisivos.

e) La obra de Carl Sagan “Cosmos”, fue uno de los programas de ciencia más exitosos en la historia de la televisión. El entusiasmo y el carisma de Sagan, así como su habilidad para brindar explicaciones claras de ideas científicas complejas, fueron las razones principales del éxito. Un libro basado en la serie, permaneció en la lista de los más vendidos por espacio de más de un año. Nombrado como el “Explicador Cósmico” por la revista Time en 1980, la cara de Sagan fue la más reconocida, apoyado por sus 25 apariciones en televisión en el show de Johnny Carson, que alcanzó audiencia de millones de personas.

3. El astrónomo insultado

Aunque los astrónomos han gozado en general de una buena imagen pública, han sido ocasionalmente objeto de escarnio social o cólera.

a) El 4 de octubre de 1876, el New York Times publicó un editorial titulado “La caída de un astrónomo”. En él, se criticó al renombrado astrónomo francés Urbain Le Verrier por prometer falsamente que podría probar su descubrimiento del hipotético planeta Vulcano, alegando que “ha faltado a su palabra y ha frivolizado nuestras emociones planetarias”. El editorial concluye con una condena: “no hay quizás espectáculo más triste que el de un astrónomo reconocido que ha perdido la confianza de sus pares, y que es despreciado como un persona que, al costado de la ciencia, enseña a atónitos visitantes rurales la luna, a través de un telescopio roto”.

b) El método científico ha tenido desde luego detractores, y los astrónomos no han sido inmunes a ocasionales críticas e incluso la consideración como seres viles. Por ejemplo, el poeta americano Walt Withman, en su famoso poema de 1865 “Cuando escucho la enseñanza del astrónomo”, describe su experiencia al escuchar una conferencia de astronomía, y como ella “lo pone cansado y enfermo”, como consecuencia de las interminables pruebas, diagramas y mediciones presentadas, hasta que “escapa hacia el místico y húmedo aire nocturno, y mira en silencio a las estrellas”. Aunque no era contrario a la ciencia, Withman, como otros escritores y artistas en el siglo XIX, perteneció a un movimiento romántico y trascendentalista, que creía que las verdades profundas se revelaban a través de sentimientos y experiencias espirituales, y que la ciencia devaluaba la belleza innata de la naturaleza. Este poema ha sido recientemente publicado para una audiencia de jóvenes de habla inglesa en 2004, acompañado de una ilustración en colores que muestra a un joven cuya pasión por la astronomía desaparece al escuchar una conferencia.

c) Cuando el cometa Halley retornó en 1910, su pasaje cercano a la Tierra llevó a reportes sensacionalistas entre la gente, tales como la posibilidad de daño a partir de gases con cianuro provenientes de la cola, o la colisión directa con el planeta. La sospecha del público de que los astrónomos ocultaban la verdad sobre los peligros, originó frustración y acusaciones. Por ejemplo, un artículo publicado en el New York Times el 24 de abril de 1910 fue titulado “Astrónomos bajo sospecha”, discutiendo sobre la cantidad de cartas recibidas por el Observatorio de Harvard. La exasperación sentida por los astrónomos es evidente en el director del observatorio, E. C. Pickering quien dijo: “… ellos sienten que nosotros somos los responsables. Las insinuaciones en muchas cartas que hemos recibido, nos hacen temer que estamos siendo denunciados como ciudadanos indeseables”.

d) La construcción de observatorios astronómicos en lo alto de montes considerados sagrados por los indígenas, o en zonas consideradas especiales, fue a menudo motivo de controversia, poniendo una luz crítica sobre los astrónomos y exponiéndolos a la crítica pública. Un ejemplo es Mauna Kea, sede de uno de los mayores telescopios del mundo y lugar sagrado para los hawaianos. Un pequeño pero fuerte grupo de hawaianos y ambientalistas se opuso largamente a la presencia de un observatorio en Mauna Kea, oposición que incluyó protestas y acciones legales. Una encuesta de opinión en 2008 halló que una gran mayoría de hawaianos estaba a favor de construir un nuevo y mayor telescopio en Mauna Kea, pero solo si se hacía en forma que considerara el sentir de la cultura indígena. Similarmente, la creación del Observatorio de Monte Graham en 1988 llevó a controversias con el pueblo apache del suroeste de los Estados Unidos, que consideraba la montaña un lugar santo, así como con ambientalistas preocupados por el impacto ambiental sobre algunas especies de aves. Aunque estos conflictos son, desgraciadamente, a menudo inevitables, los astrónomos son vistos a veces como queriendo dañar los derechos de los indígenas o de los protectores del ambiente, con el riesgo de afectar su imagen frente a la población. Hoy Mauna Kea y Monte Graham son asiento de algunos de los más sofisticados telescopios del mundo, pero a costa del resentimiento de algunos miembros de la comunidad local.

e) Los astrónomos enfrentaron un desastre en relaciones públicas en 2006 luego de que la Unión Internacional de Astronomía decidiera quitar a Plutón su lugar como noveno planeta del sistema solar. La ira del público fue palpable, alimentada por la pérdida de un icono y los desencuentros entre los astrónomos. Cartas, periódicos, llamadas telefónicas y programas radiales, así como blogs en Internet, criticaron a los astrónomos por ser caprichosos y poco espirituales. Apenas unos años antes, el público se había congregado en torno a los astrónomos cuando la NASA pretendió dejar sin servicio al Telescopio Hubble. La opinión pública fue un factor importante en la decisión final de salvar el instrumento. Pero aunque el público denostó a los administradores de la NASA por su decisión inicial de abandonar el telescopio, fueron los propios astrónomos los que volvieron la opinión pública en su contra al remover a Plutón de su sitial.

Una revisión de este suceso hecha por los astrónomos David Jewitt y Jane Luu concluye que: “…la percepción pública sobre el proceso, los astrónomos y la astronomía se ha visto ensuciada. Millones de personas piensan ahora que los astrónomos tienen demasiado tiempo disponible y son incapaces de articular las definiciones más básicas. Nada de esto es bueno para la astronomía”.

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